Creación Artística

La Creación Artística propone una apertura sensorial al mundo, por lo que acontece desde un saber-del-cuerpo. Se trata aquí de un cuerpo emocional, afectivo, onírico, cognitivo -que siente, que desea, que sueña, que piensa-. Un cuerpo que no se agota en la idea cerrada de la individualidad, que es con otros cuerpos en su singularidad y pluralidad, en su continua transformación. El cuerpo hereda la memoria de un universo infinito en posibilidades, se pone en juego a través de comunidades de afectos y resonancias, habita atmósferas y territorios impregnados de sensaciones, misterios, símbolos. En este cuerpo la poética es una potencia de expansión sensible de la vida misma; no nace y muere en lo humano, atraviesa y vibra de una manera particular en lo humano para ampliar los lenguajes posibles.

La Creación Artística, así entendida, vincula la micropolítica como forma de conocimiento, por lo que incluye a todos los seres vivos y existencias. La esencia de la acción micropolítica es la preservación de las fuerzas vitales, la fecundación y la expansión de los mundos por-venir; convoca una ecología de los afectos, de las acciones y del pensamiento, en pos de remover los efectos de las violencias estructurales, de las guerras y del extractivismo salvaje de la vida. Es necesario, entonces, entrelazar los hilos de otras cosmogonías, en atención a las luchas por la memoria de diversas comunidades y pueblos ancestrales que han quedado al margen de las historias oficiales.

Lo extraordinario es que a través de estas apuestas -la vibración sensible del cuerpo y el tejido de un territorio común- se vislumbra un camino de relaciones promisorias entre los universos poéticos y míticos.

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En esencia, las siguientes propuestas artísticas generan lugares sensibles para el encuentro, en los que el tiempo suscita cambios de manera orgánica, germinal. A través de este tiempo latente, se manifiestan distintos gestos espaciales y materiales que involucran la participación activa de las personas, la afluencia de las percepciones, los afectos y los imaginarios. La situación de violencia y desarraigo en la que se encuentra una inmensa parte de la población de nuestro país -y del planeta- necesita preguntarse por la dimensión estética de las poblaciones afectadas de una manera activa y contextualizada, de modo que salgan a flote aquellas prácticas culturales -espacios de expresión y vínculo social- que posibilitan configuraciones futuras de lo político. Ante la desinformación mediática que existe sobre estas problemáticas es necesario, además, recrear diversas formas de comunicación y apropiación que apelen a los horizontes de lo poético y lo simbólico.

La emergencia de conocimientos ha sido posible caminando los territorios, escuchando y tejiendo relaciones con las comunidades, desde una proximidad sensible y afectiva que abre nuevos senderos en las apuestas pedagógicas, poéticas y políticas. Toda construcción de conocimiento está alojada en el cuerpo sensorial, en un sentir-resonar-pensar con los ecosistemas humanos y vivientes, con las diversas geografías sensibles que resguardamos desde aquellas regiones, culturas, memorias, sueños, que nos habitan.

No hay, por lo tanto, un solo saber; más bien es la convergencia de varios saberes lo que hace que emerja un tejido vibrante, conformado por varias capas de experiencias, intenciones y voluntades. Es un proceso largo, en el que se descubren otras nociones de espacio y de tiempo; por ejemplo, el tiempo se manifiesta para cada persona de manera diferenciada, en ocasiones es el recuerdo de un momento significativo el que resplandece a lo largo de la vida, o es la necesidad de dejar atrás el pasado la que impulsa a buscar nuevos horizontes de realización, o es el aquí y el ahora que brillan con una potencia inesperada despertando emociones y conciencias renovadas o, más allá, es la vivencia del tiempo como un devenir que convoca las fuerzas primigenias del cosmos y del espíritu. Así mismo, el encuentro con otras espacialidades -casas, barrios, comunas, veredas, fronteras urbano-rurales- ha moldeado la cualidad de los encuentros, el sabor de las conversas, las sinergias siempre emergentes -situadas-; la construcción de las casas en madera y bloque de ladrillo, del cercado de guadua, con todas sus variantes y posibilidades de montaje-desmontaje para ocupar el espacio público y crear un acontecimiento por unas horas o semanas, ha generado -también y sin pretenderlo-, la apertura de espacios híbridos, en transición: de lo doméstico a lo vecinal, de lo colectivo a lo político, de lo estético a lo cultural. Simultáneamente, las piezas artísticas -dibujos, álbumes y atlas fotográficos, relatos de vida, casitas a escala, audiovisuales-, se han materializado desde las resonancias sensibles, las implicaciones personales y colectivas, los gestos expresivos; también han derivado en procesos inacabados, efímeros, o en la intervención continua a lo largo del tiempo, en ocasiones vinculada a los ciclos de vida.

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