(2006–2014)
En “Mi Casa Mi Cuerpo”, se presenta un extenso proceso de creación artística realizado de forma colaborativa con tres familias en situación de migración forzosa que habitan en el barrio Bellavista, de la Ciudadela Sucre de Soacha; las familias Apache (Tolima), Bermúdez Valencia (Chocó, Valle del Cauca y Nariño) y Plaza Sánchez (Huila y Caquetá). Tras la irrupción tajante de diversas formas de violencia, de huidas y trayectos inciertos, estas familias han intentado reconstruir sus vidas en los cerros surorientales de la ciudad; sus historias se unen a las de millones de personas, familias y poblaciones colombianas forzadas a abandonar sus territorios, que requieren ser escuchadas y reconocidas, con voz propia. Juntos trabajamos para reconstruir, en palabras y en imágenes, las historias relativas a una casa que se extiende en el tiempo, que indaga en la memoria para abrir caminos a la imaginación, por lo que la propuesta tiene tres partes constitutivas: -La casa de la memoria: la casa más significativa en la que se vivió antes de la migración forzosa; -La casa de Bellavista: la casa que se ha habitado en el barrio Bellavista; -La casa de la imaginación: la casa que se desea intensamente, entre sueños y realidades. En nuestros encuentros construimos relatos de vida, imágenes fotográficas y una casita a escala, lo que requirió de continuos diálogos y revisiones.
Como resultado de los procesos anteriores se consolidaron: -“Los Relatos de Vida”, que tratan las historias de las familias, el relato de Yolanda Apache se titula “Mirar hacia adelante”, el de Juan Bermúdez “Aventurero”, el de Rosa Valencia “Únicamente Dios”, el de Ernesto Plaza “Un nuevo amanecer” y el de Gerlys Sánchez “Una infancia feliz”. –“El Álbum Fotográfico”, que contiene los registros de las experiencias de un viaje que hicimos a la casa de la memoria -“Fondo negro”-, y que reconstruye la cotidianidad de la casa de Bellavista -“Fondo blanco”-; -“El Atlas Fotográfico”, que registra los procesos de construcción de la casa de Bellavista, de acuerdo a temas significativos para su comprensión –“Pisos”, “Paredes”, “Techos”, “Puertas”, “Ventanas”, “Agua y electricidad”, “Seguridad”, “Plantas y animales”, “Creencias y tradiciones”-; -“Las Casitas a Escala”, con la que se materializa la casa de la imaginación. En la familia Apache es “La casa con matas en el balcón”, en la familia Bermúdez Valencia “La casa con escalera de caracol y piso brillante”, y en la familia Plaza Sánchez “La casa con zaguán y fogón de leña”.
“Mi Casa Mi Cuerpo” propone una mirada cuidadosa a las familias que se encuentran en situación de migración forzosa y que habitan las periferias de ciudades como Bogotá; quiere ver más allá de la forma en que se nos dice quiénes son y qué debemos esperar de ellos, en que se construyen historias provistas de imágenes grises que generan distanciamiento. Existe en las personas en situación de migración forzosa todo un universo de posibilidades de ser y de habitar, expresado en sus saberes y creencias tradicionales, en su capacidad de resignificar los hechos acaecidos y de encontrar dignidad en su propia forma de gestionar sus intereses. La pregunta por la casa es, entonces, una pregunta por la persona que la habita y que la moldea en su cotidianidad, que imprime sobre ella la presencia de su cuerpo, de su memoria acumulada, de su manera de hacerse un lugar y crear propósitos a largo plazo.
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MI CASA MI CUERPO
Participantes:
Yolanda Apache, Juan Bermúdez y Rosa Valencia, Ernesto Plaza y Gerlys Sánchez.
Una creación de:
Oscar Moreno Escárraga.
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Preludio
En el año 2006 recorrí por primera vez el barrio Bellavista. En ese momento era profesor de dibujo de una academia de artes que ofrecía talleres artísticos a los niños del barrio, y recuerdo que fue toda una sorpresa verlos entrar a clase porque provenían de distintas zonas del país: de la Región del Pacífico, de la Región Andina, de los Llanos Orientales y la Amazonía, principalmente. Decidí, entonces, construir un programa de dibujo que respondiera a este contexto y no tanto a la transmisión de las técnicas más tradicionales de las artes plásticas. Me dediqué a hablar con las familias de Bellavista sobre sus trayectorias de vida y las condiciones de su estancia en la ciudad, y reconocí que la gran mayoría de ellas se encontraba en situación de migración forzosa como consecuencia -sobre todo- de la guerra.
Algunas familias me invitaron a entrar a su casa y conversar más tranquilamente, por lo que se fue generando una confianza mutua y el barrio se hizo un lugar grato para mí. No me sentía como un extraño, viví algunos años de mi infancia en lugares parecidos a Bellavista, con casas a medio construir, con calles de tierra seca que se colaba a todas partes en las temporadas de sol y lodazales con charcos de agua estancada que impedían caminar en las temporadas de lluvia, con pequeñas tiendas de víveres que servían como lugar de encuentro entre vecinos, con parches de jóvenes en las esquinas y grandes dificultades en el transporte a otros sectores de la ciudad.
Uno de esos días, por pura casualidad, registré en video una serie de juegos creados por los niños de una manera espontánea: construían una pequeña casa con materiales reciclados, se desplazaban por la montaña metidos en una maleta de viaje, se lanzaban por la pendiente de una calle empinada sentados sobre un patín de cuatro ruedas: -Una niña afrodescendiente de unos 11 años de edad, acurrucada en un camino de tierra y escombros, construía la casita con los pedazos encontrados de una baldosa de cerámica. Con piedra en mano, se dedicaba a golpear la cerámica hasta quebrarla y obtener unos tamaños más o menos uniformes que luego aseguraba entre sí con cuidado, conformando un pequeño espacio interior con paredes y techo. A pesar de que la casa colapsó en varias ocasiones, ella intentó levantarla una y otra vez restableciendo toda la estructura; -En la maleta, una deteriorada maleta de viaje abierta de par en par, cabían 3 o 4 niños perfectamente sentados. En uno de sus lados habían amarrado una cuerda larga que halaban con fuerza hasta que la maleta empezaba a arrastrarse, lentamente al principio y luego con más impulso. Los niños estuvieron negociando un rato sobre quiénes se sentaban y quiénes halaban, y el movimiento de la maleta vino acompañado de un alboroto general: gritos, risas y cantos mientras el grupo se alejaba; -En lo alto de una de las calles más escarpadas los niños se turnaban el patín de cuatro ruedas. Se sentaban sobre el patín acomodándose lentamente, poniendo las piernas enfrente y utilizando las manos como timón, luego se soltaban y el patín se echaba a rodar velozmente hasta el fondo de la calle, levantando tierra y dando breves tumbos, ahí trataban de frenar o se tiraban a un lado rebotando con escándalo sobre el suelo. Encontré una potencia expresiva, gestual, en la forma en que los niños llevaban a los territorios de la lúdica sus propias vivencias; había una alegría implícita en estos juegos, una alegría que transformaba el espacio de la calle y la vida del barrio.
Guardé estos videos por mucho tiempo. Cuando volví a verlos me di cuenta que el haber estado ahí -en ese justo momento con los niños-, y el haber registrado esas imágenes había sido una especie de preludio, un momento vibrante y revelador que despertó en mí el deseo de realizar un proceso de creación sensible en ese lugar. Me hice más cercano a tres familias en particular: la familia Apache, la familia Bermúdez Valencia y la familia Plaza Sánchez.
Los Relatos de Vida

























El Album Fotográfico


















































El Atlas Fotográfico















Las Casitas a Escala

























Acto I – Situar la Casa en el Centro

















































