(2015-2016)
En “La Casa de la Frontera”, se realiza un registro audiovisual de testimonios orales sobre la vida en la periferia suroriental de Bogotá -barrios, veredas, comunas, localidades-. Los videos fueron elaborados con líderes sociales -gestores comunitarios y culturales-, quienes cuentan, desde sus propias vivencias, los orígenes y las transformaciones de estos territorios, las gestas colectivas y los imaginarios sociales que se construyen sobre las comunidades. Así, en el primer capítulo, Blanca Pineda -historiadora, escritora y defensora de derechos humanos-, hace un recuento de los largos años de trabajo en los que ha rescatado las memorias del barrio Ismael Perdomo y de la localidad de Ciudad Bolívar, a través de su relato: “La memoria histórica, un camino de esperanza”; en el segundo capítulo “Un territorio en protección”, Jaime Beltrán -líder y defensor del área rural de Usme-, habla de formas de organización campesina sustentadas en las herencias familiares, en el cuidado de la tierra y los ecosistemas, frente la creciente urbanización y gentrificación de la ciudad. Finalmente, en el tercer capítulo “Una realidad desconocida”, Silvino Gallo -presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Bellavista-, pone en primer plano algunas problemáticas sociales de la Ciudadela Sucre del municipio de Soacha, haciendo énfasis en la importancia de la acción comunitaria ante la ausencia de apoyo institucional.
Las propuestas “Mi Casa Mi Cuerpo” y “La Casa de la Frontera” están inevitablemente vinculadas; mientras la primera se enfoca en la casa como fuente de regeneración de los gestos y las potencias de vida de las tres familias del barrio Bellavista (Apache, Bermúdez Valencia y Plaza Sánchez), la segunda nace de la necesidad de trabajar sobre los espacios vecinales y barriales que configuran los grupos poblacionales en su éxodo y asentamiento en las periferias de la ciudad. Las prácticas estéticas y políticas presentes en estos espacios son las que, en general, animan una variada expresividad colectiva; en la búsqueda de los recursos básicos vitales, en el encaramiento de las inclemencias del territorio, en el manejo de la conflictiva relación con la ciudad -muchas veces jerárquica, inhóspita, excluyente-, se definen los valores y símbolos que representan al cuerpo social que empieza a constituirse.
Los videos muestran algunos lugares y acciones de los oradores y proponen, además, un tiempo de escucha prolongado para generar un encuentro significativo con cada una de las historias; éstas aportan otros puntos de vista sobre los territorios y posibilitan construir relaciones desde y hacia la ciudad, más allá de la habitual de centro-periferia. Con la intención de socializar y activar este material videográfico, en conjunto con algunos habitantes del barrio Bellavista se construyó una casa desmontable y portable a escala 1:1 (21 M2, aproximadamente: 3.25 M de frente X 6.5 M de largo x 2.25 M de altura). Esta casa incorpora algunas características espaciales y materiales de las viviendas de autoconstrucción progresiva que, en sus etapas iniciales, levantan la mayoría de las familias que arriban a las periferias de las ciudades del país -madera y teja de zinc, básicamente-. La casa cuenta con un telón blanco en la pared del fondo, sobre el que se proyectan los videos, y con un sistema de sonido adaptado al espacio interior.
“La Casa de la Frontera” es, entonces, un lugar de proyección audiovisual, creado para instalarse en algunos espacios públicos de Bogotá y Soacha. La propuestaquiere dar a conocer los relatos, los estilos de vida y la resistencia de las comunidades asentadas en las zonas periféricas de las ciudades -en situación de migración forzosa y marginación-, en relación a la manera en que son nombradas y asumidas desde otras instancias sociales, culturales y políticas.
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LA CASA DE LA FRONTERA
Invitados:
Blanca Pineda Cuervo, Jaime Beltrán, Silvino Gallo.
Construcción de la casa de madera:
Juan Bermúdez, Manuel Bermúdez.
Una creación de:
Oscar Moreno Escárraga.
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Preludio
En 2013 y 2014 viajé varias veces a la vereda Picuma del municipio de Suaza, ubicada al sur del departamento del Huila, cerca a la frontera con el Caquetá. En ese momento estaba realizando un registro en fotografía y video de la finca de los padres de Ernesto Plaza, con quien trabajé en la propuesta “Mi Casa Mi Cuerpo”. Me quedaba por cortos períodos de tiempo -alrededor de una semana-, acompañando a la familia en las labores domésticas, en los cultivos y el cuidado de los animales, registrando la vida cotidiana, los amaneceres y atardeceres, las ferias y fiestas en los pueblos de Suaza y Guayabal.
Uno de esos días, en el que estaba sentado en la sala de la casa, inesperadamente doña Emma Córdoba (madre de Ernesto) tomó una silla del comedor y se sentó frente a mí con la intención de contarme una historia. Me dijo que era una historia antigua a la que conocían como “Las candilejas”. Doña Emma miraba de vez en cuando hacia la puerta posterior de la casa, por la que entraba el viento del final de la tarde y una luz teñida de un amarillo cálido. Se recogió el pelo y empezó a relatar.
La historia de Las candilejas tiene varias versiones, según pude corroborar, y proviene sobre todo de los Llanos Orientales. Doña Emma Córdoba contó su versión sin interrupciones, de principio a fin; cuando volví a revisar el video me fijé en su lenguaje corporal, en la manera en que su voz, sus palabras y su cuerpo mismo intentaban dar sentido a la narración, y empecé a interesarme por aquellos relatos arraigados a las comunidades y los ancestros, que reviven en el instante de su puesta en público. En una historia como la de Las candilejas, la voz de doña Emma arrastra el sentir de varias generaciones familiares y regionales, lo que configura toda una territorialidad -emocional, imaginativa, simbólica-. En nuestro país, las expresiones territoriales y culturales de distintas comunidades y pueblos se han visto amenazadas constantemente, por el empuje de otras lógicas de territorialización: la guerra y la migración forzosa, la industrialización y el Desarrollismo -a través de la agricultura industrial, el monocultivo y el latifundismo, por ejemplo-, la capitalización y urbanización avasalladora de la vida rural. Historias como la de Las candilejas, así mismo los mitos y leyendas de los pueblos ancestrales, activan una serie de imágenes arraigadas a las tradiciones y creencias colectivas de las comunidades. Decidí, entonces, editar el video, sin ninguna pretensión más allá de la de darle un lugar dentro los registros de mis viajes, y lo monté junto con unas imágenes del río Suaza -al que fuimos a bañarnos en algunas ocasiones-, y de unas fiestas de Guayabal en las una niña de alrededor de 12 años entona una canción muy popular entre los asistentes.
La Memoria Histórica Un Camino de Esperanza














Un Territorio en Protección














Una Realidad Desconocida














Acto 2-Construir una Casa Desmontable














